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El presidente del Paraguay, Fernando Lugo dirigío un mensaje de fuerte contenido pacifista frente a la asamblea de las Naciones Unidas, reunida en la sede de ese organismo, en Nueva York, Estados Unidos. Consideró en este sentido, que cualquier inversión en defensa debe ser ostensiblemente mínimo en relación a los gastos sociales del Gobierno, según informó el portal de la presidencia paraguaya. “Paraguay no hipotecará su pan para danzar en el baile ciego de los señores de la guerra”, aseveró el gobernante paraguayo. Agregó que en el contexto del proceso de globalización se debería apostar a la creación de un Nuevo Orden Económico Mundial, que se muestre capaz de eliminar los severos contrastes del presente y el acceso claramente desigual a los beneficios del desarrollo contemporáneo. Desde esa perspectiva, Lugo realizó una breve reseña sobre la realidad que vive el Paraguay de hoy, que en lo esencial se asemeja a la que soportan otros países, igualmente condenados a graves problemas socioeconómicos. “Hace un poco más de un año produjimos una histórica transición en Paraguay recibiendo una economía en ruinas, con un aparato productivo atrasado y obsoleto, con instituciones democráticas débiles y ganadas por distorsiones, con partidos políticos de escasa credibilidad, y carentes de canales de participación ciudadana en la toma de decisiones”, destacó el jefe del Ejecutivo nacional. En este escenario, una sociedad plagada de graves contrastes, con alrededor de 40% de pobres, decenas de miles de desempleados y altos índices de migración, y minorías inescrupulosas, que gozan y tratan de perpetuar ilegítimos privilegios. “Estos son rasgos compartidos por la mayoría de los países aquí representados, que más allá de las naturales peculiaridades, enfrentan como el Paraguay el triple desafío de modernizar sus economías, fortalecer sus procesos de democratización participativa y eliminar los graves y severos contrastes sociales”, significó Fernando Lugo. Aseguró que desde la Organización de las Naciones Unidas “tenemos la obligación ineludible de proceder sin miedo alguno a cambiar esta realidad”. En esa premisa arguyó que es necesario pensar seriamente en un Nuevo Orden Económico Mundial, cuyos objetivos sean simples y concretos y apunten a: 1) Favorecer el fortalecimiento de las economías pequeñas, sobre la base de una distribución justa y equitativa de los beneficios que genera la producción de riquezas. 2) Favorecer el sano desarrollo político de las diversas naciones del mundo, garantizando que los países más poderosos no interfieran en los procesos locales, sobre todo cuando las intervenciones apuestan a violentar genuinos procesos democráticos. 3) Favorecer las soluciones pacíficas de los conflictos internacionales, apostando con firmeza y determinación a reducir los preocupantes niveles de militarización y armamentismo. 4) Favorecer el fin de la criminal agresión al medioambiente, que ha causado males como el calentamiento global y catástrofes que se suceden cada vez con mayor frecuencia. 5) Favorecer la igualdad de géneros y el cese de las discriminaciones de todo tipo: por cuestiones de opciones sexuales, de preferencias políticas o ideológicas, por diferencias raciales, étnicas o religiosas. “Se trata de promover un mundo mejor y más humano, que dibuje en el horizonte de nuestro mundo la perspectiva de un hábitat más amable para la vida, mas solidario y mucho más consecuente con el futuro de la humanidad”, propuso el primer mandatario. Dijo que en nada subestima el relevante papel que ha desempeñado Naciones Unidas en su relativamente corta existencia para promover la paz mundial y el crecimiento con equidad social, “pero no debemos dar la espalda a fracasos de décadas en cuanto a modernización integral, ni mucho menos dejar de emplear con creatividad y firmeza el mayor foro mundial de la actualidad”. Acotó que para que las Naciones Unidas cumpla con este importante fin, se debe considerar que la Asamblea debe adoptar las reformas necesarias para reafirmar su ser intrínseco como órgano representativo, democrático y equitativo, y que sus competencias deben ser respetadas y tener preeminencia ante los demás órganos internos de la organización, tales como el Consejo de Seguridad, con el objeto de enfatizar en los procesos que hacen a la construcción de esta justicia social tan anhelada. Abogó por un planeta diferente, capaz de recuperar sus inmensas riquezas naturales, tras poner punto final a la terrible devastación a la que someten mezquinos intereses. “Yo creo en la solidaridad, profundamente humana. Creo en el sueño de líderes gigantes que cambiaron el mundo con rebeldía, creo en Jesucristo, en Gandhi, creo en Luther King”, concluyó el presidente paraguayo.
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